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Coronavirus, feminismo y brecha digital

Hasta 2019, el movimiento feminista contaba con una fuerza y presencia que no había alcanzado desde hacía varios años. En gran parte del mundo se desarrollaban múltiples manifestaciones, discusiones y políticas que avanzaban en respuesta a históricas demandas. Sin lugar a duda, las redes sociales y medios digitales fueron un importante apoyo en el éxito alcanzado, donde es posible mencionar el caso nacional de “Las Tesis”, colectivo feminista que en noviembre de 2019 logró convocar a miles de mujeres en el mundo para que se alzaran interpretando su performance participativa de protesta “Un violador en tu camino”.

Mapa canción de Las Tesisfuente: umap.openstreetmap.fr

Desafortunadamente, a finales de ese mismo año el mundo fue sacudido por una de las mayores crisis de los últimos 100 años, cambiando para siempre nuestra manera de vivir y quitándole al feminismo una de sus principales expresiones: las marchas o manifestaciones en espacios públicos. Es así como el discurso antifeminista aprovechó el COVID-19 para penalizar y frenar manifestaciones venideras, tal como lo sucedido en el 8M del 2020, en el que mujeres de todos los países fueron acusadas de aumentar los casos de coronavirus en su decisión de salir a las calles.

Como si esto fuera poco, la crisis sanitaria no solo ha traído problemas en el avance del movimiento feminista, sino que también ha significado un retroceso en muchas de las aristas que más afectan la vida e igualdad de las mujeres. El confinamiento ha aumentada el trabajo no remunerado para las mujeres, las cuales en gran parte se hacen cargo de las labores del hogar y del cuidado de los niños y los enfermos, además de seguir en labores que generan ingresos. Cabe señalar que las mujeres desempeñan los trabajos peor remunerados y más riesgos. Según la ONU, el 70% del personal de atención médica y servicios sociales es de género femenino, y son estas también las que hacen mayoría en rubros como farmacias, aseo en empresas, hoteles y hogares, cajeras de supermercados y otros similares de atención a clientes, además de baja capacitación y salario. Otro de los temas más preocupantes de esta crisis ha sido la violencia de género, la cual ha aumentado exponencialmente desde que empezó el confinamiento.

Es por estas razones que hoy más que nunca es fundamental seguir hablando de feminismo, no obstante, el mundo se vive de manera cada vez más digital y es una necesidad adaptarnos y usar estrategias de cyberfeminismo. Este término comenzó a ser utilizado a principios de la década de 1990, en especial por un grupo de mujeres llamado VNS Matrix provenientes de Adelaide (Australia), las cuales lo usaron para presentar sus trabajos de experimentación entre el sujeto femenino, el arte y la virtualidad. VNS Matrix se convertiría en un símbolo de lo que se denomina “ciberfeminismo radical”, sin embargo, existen otras dos tendencias llamadas “ciberfeminismo conservador” y “ciberfeminismo social”. Este último conecta con los movimientos antiglobalización neoliberal y con los grupos activistas en defensa de los derechos humanos, por lo que es posible identificarlo con los movimientos y manifestaciones feministas. Además, el ciberfeminismo social apalancaría el uso estratégico de las nuevas tecnologías y el espacio virtual en la transformación social.

Lamentablemente, la brecha digital es muy amplia entre hombres y mujeres, en especial si hablamos de regiones como Latinoamérica. Tal y como se menciona en el libro “Internet en código femenino” (Graciela Natansohn), son minoría las que eligen carreras en el mundo de la informática, o las que presentan interés y conocimientos más allá de ser simples usuarias o receptoras de un desarrollo digital predominantemente masculino. Esta “brecha digital de género” (Castaño, 2008; Alonso, 2007; Wacjman, 2006) hace énfasis en los obstáculos que enfrentan las mujeres para apropiarse de la cultura tecnológica, debido a la hegemonía masculina en áreas estratégicas de la formación, la investigación y el empleo en TIC. Según la escritora y filósofa Sadie Plant, la tecnofobia se encuentra en una parte importante del feminismo tradicional, lo que en los últimos años ha provocado un cruce desconfiado de miradas entre este y el ciberfeminismo. Es posible encontrar múltiples razones para esta brecha, sin embargo, tanto hombres como mujeres tienen las mismas capacidades para desenvolverse en estas áreas, y es importante transmitir con fuerza el mensaje a las más jóvenes.

Es tarea de todas las que creemos en el feminismo aportar con la causa, sin excusarnos en la situación actual y usando las herramientas que nos entrega el mundo digital. Ya sea con acciones simples como compartir mensajes y experiencias en redes, apoyando acciones generadas por otras mujeres u organizaciones o incluso estudiando y capacitándonos, la lucha feminista debe continuar. Enseñar con el ejemplo es fundamental para desarrollar interés tecnológico en las nuevas generaciones, y así no repetir patrones que décadas atrás influyeron en la falta de motivación que presentan las mujeres de hoy. Una niña puede y debe experimentar, destruir, crear, ensuciarse y ser elogiada por sus logros y fracasos, dejando de lado el eterno foco en la apariencia física y modales femeninos esperados. Las mujeres fuimos fundamentales en sentar las bases de la informática y la programación, por lo que nuestra misma historia nos confirma que podemos ser las protagonistas en este nuevo mundo digital.

Visibilizando el talento informático femenino (fuente: www.afiescueladefinanzas.es)

Grace Murray Hopper fue una científica de la computación y militar estadounidense, pionera en el ámbito de las ciencias de la computación. Además, fue la primera programadora que utilizó el Mark I. Es considerada la madre de la programación informática, y creó el Lenguaje Común Orientado a Negocios (COBOL), que es el primer lenguaje complejo de ordenador.

Ada Lovelace fue una matemática, informática y escritora británica, considerada como la primera programadora de la historia. Trabajó con Charles Babbage, padre de la computación, y describió un lenguaje de programación cuyos aportes marcaron precedentes dentro del campo de la informática.

Más allá de su carrera como actriz, Hedy Lamarr pasó a la historia por sus aportaciones en el campo de la tecnología. Lamarr inventó y patentó la primera versión del espectro ensanchado que permitiría las comunicaciones inalámbricas de larga distancia, y por ello es considerada precursora del Wifi y el Bluetooth.

Jude Milhon era una famosa hacker y defensora de los derechos personales en internet. Acuñó el término ciberpunk, y fue miembro de la asociación Computer Professionals for Social Responsibility. Jude animaba a las mujeres a acceder a internet por elección personal, no por necesidad.

Evelyn Berezin fue una física, informática y empresaria estadounidense, que pasó a la historia como la madre de los procesadores de texto. Además, desarrolló el primer sistema computerizado de reservas de billetes de líneas aéreas para United Airlines y, en 1953, creó el que se considera el primer ordenador de oficina.

Lynn Conway es una informática estadounidense, pionera de los chips microelectrónicos, y coautora del libro “Introducción a sistemas VLSI”. En 1973 se incorporó al Centro de Investigación de la Xerox en Palo Alto (PARC) donde sus innovaciones han tenido un gran impacto en el diseño de chips a nivel mundial.

Ángela Ruiz Robles fue una maestra, escritora e inventora española, y pasó a la historia por ser la precursora del libro electrónico. Entre 1944 1949 Ángela llevó a cabo varios proyectos, como el atlas científico-gramatical y la máquina taquimecanográfica. Además, en 1949 desarrolló la primera propuesta de enciclopedia mecánica.

Stephanie Shirley es una empresaria informática y filántropa británica.​ En 1962 fundó la empresa de software Freelance Programmers Ltd, convirtiéndose en la primera mujer en montar una empresa de programación.

Es una científica computacional, matemática e ingeniera de Software. Trabajando en el Departamento de Meteorología del MIT, desarrolló un software para predecir el tiempo atmosférico. Además, fue una de las programadoras que escribió el software usado por las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos para la búsqueda de aeronaves posiblemente hostiles.

Es una abogada estadounidense, y antigua programadora e ingeniera de hardware.
Mary Allen Wilkes participó en la creación del primer ordenador personal en 1961, y pasó a la historia como la primera persona que utilizó este tipo de computadoras en casa y en teletrabajar.

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